Nueve cosas que me hubiera gustado saber cuando opositaba
Cuando uno oposita y se sube a la cinta de la rutina, empieza a encapsularse en un laberinto de hábitos, costumbres y trastornos que configuran su día a día. El problema surge cuando estas dinámicas nos encorsetan y nos impiden tomar decisiones que podrían sacarnos de situaciones tóxicas, no solo como opositores, sino como personas.
Después de acceder a la carrera judicial, aprendí algunas lecciones que me hubiera gustado aplicar durante mi oposición. Aquí van nueve consejos que podrían ayudarte en tu camino:
1.- Si estas calentando la silla, haz otra cosa útil. Hay días en los que, por múltiples motivos, somos incapaces de concentrarnos. Puede deberse a un problema personal, a una mala noche o, simplemente, a que nuestra capacidad de atención se ha evaporado de un día para otro. Cuando te encuentres en esa situación, cuando notes que solo estás calentando la silla, aprovecha ese tiempo para hacer otra cosa, preferiblemente algo que realmente te guste. Puedes hacer deporte, ver un capítulo de esa serie que llevas atrasada o abrir por fin la novela que te mira cada noche desde la mesilla. Lo importante es que esa actividad oxigene tu mente y te ayude a recuperar el buen ánimo, porque no debes olvidar que este cambio de rutina debe ser excepcional y limitado en el tiempo. Una vez termines, toca volver al estudio con un enfoque renovado. Y, sobre todo, debes comprometerte contigo mismo a que esta excepcionalidad no se convierta en ordinalidad, a que este recurso puntual no se transforme en un hábito que termine saboteando tu avance.
2.- La oposición no se aprueba en el repaso de los 20 días previos al examen. Es cierto que ese tramo final es esencial para llevar los temas frescos a los orales, pero para llegar ahí antes has tenido que dar incontables vueltas al temario; ha tenido que llover mucho sobre mojado. El aprobado se construye durante todo el tiempo que estás estudiando, por eso se habla de una carrera de fondo. Por ello, da a cada día la importancia que realmente tiene, que es mucha, porque todos construyen tu aprobado. No cometas el error de pensar que por faltar un año para el primer examen el día de «hoy no es importante». Estudia siendo consciente de que cada jornada suma por igual, cada vuelta cuenta por igual, y es esa acumulación constante la que te llevará al objetivo.
3.- El día de descanso es sagrado. Recuerdo que cuando el planning que me elaboraba mi preparador empezó a volverse realmente intenso, comencé a incumplirlo. Y entonces se me ocurrió la «brillante» idea de recuperar los temas pendientes en mi día libre. Craso error. Muy pronto descubrí que lo que yo veía como un comodín era, en realidad, un boomerang que volvía para golpearme de lleno y dejarme KO durante varios días, incapaz de retomar el estudio con normalidad. El día de descanso es sagrado porque nos conecta con nuestro entorno, con nuestros amigos, con nuestros hobbies; porque nos permite asomar la cabeza fuera del zulo opositoril y recordar que existe vida más allá del temario. Y, sobre todo, porque es fundamental para recargar pilas. Tan fundamental que es insustituible. También te recomiendo que manejes ese día con cierta flexibilidad. Algunas semanas puede ser el sábado, otras el domingo, o incluso puedes dividirlo: la tarde del sábado y la mañana del domingo. Lo importante es que exista, que lo respetes y que lo entiendas como una parte esencial —no prescindible— de tu preparación.
4.- No pienses, estudia. Este consejo es de los más importantes. Recuerdo que yo era de los que preguntaba un millón de dudas al preparador. Él, muy amablemente, me las respondía, hasta que un día, pocas semanas antes del primer oral, y tras mandarle un mensaje con dudas jurídicas, me respondió: «no pienses, estudia». En efecto, por suerte o por desgracia es un tipo de oposición en el que hay que memorizar y el tiempo que te estás planteando problemas jurídicos y tratando de resolverlos no estás memorizando, que a la postre es lo que te dará el aprobado. Además, te avanzo que esta memorización no cae en saco roto, porque el día que estés en tu órgano judicial tendrás un dominio abstracto muy potente del ordenamiento jurídico. Ya tendrás oportunidad en la Escuela Judicial o el Centro de Estudios Jurídicos de pensar y no estudiar.
5.- El planning no es la Biblia. Algunos preparadores, para facilitarte la vida, elaboran un planning para que cada día solo tengas que abrir la agenda y estudiar lo que allí aparece. El problema surge cuando ese planning, en lugar de ser una herramienta de ayuda, se convierte en un instrumento de tortura. Cuando empiezas a no cumplirlo al cien por cien, es fácil desmoralizarse e incluso venirse abajo. Pero recuerda: eres opositor, sí, pero no dejas de ser persona, con todo lo que eso implica. En una oposición que dura varios años tendrás días de buen y mal humor, días de alegría y tristeza, días de salud y días enfermo, momentos de motivación y momentos de desánimo. Los problemas personales no desaparecen por estar opositando, y tu energía tampoco es constante: habrá días en los que rindas más y otros en los que estés agotado. El planning debe ser una guía, un mapa que te ayude a organizarte. Si puedes cumplirlo, perfecto. Y si no lo cumples, no pasa absolutamente nada. Todos los días cuentan, todo el estudio suma. Si ves que llevas muchos días sin poder ajustarte a él, quizá sea buena idea hablar con tu preparador para reajustarlo. Pero no permitas que el peso del incumplimiento termine comprometiendo tu estudio diario. El planning está para servirte a ti, no para encadenarte.
6.- Estás ahí porque quieres. Este punto, más que un consejo, es un recordatorio esencial. Empezamos a opositar con una motivación enorme, pero tarde o temprano aparece el peso de todas las renuncias que implica este camino. Ese sentimiento se intensifica cuando vemos a la gente de nuestro entorno avanzar: amigos que se independizan o se casan, compañeros de carrera que empiezan a trabajar —quizás en un despacho de renombre— mientras tú sigues encerrado con el temario. En esos momentos, recuérdate todas las veces que haga falta que estás aquí porque tú lo elegiste. Probablemente lo hiciste movido por una vocación, por un propósito que te importa de verdad. Y aunque estudiar diez horas al día, seis días a la semana, no sea precisamente placentero, lo estás haciendo porque quieres, porque es el medio necesario para alcanzar el fin que te has marcado. A mí, por ejemplo, me ayudaba repetirme que con cada vuelta al temario me sentía mejor preparado para dar un servicio más óptimo al ciudadano. Ese pensamiento me devolvía el sentido de lo que estaba haciendo y me recordaba que el esfuerzo tenía un propósito que iba más allá de mí mismo. Además, conviene no perder de vista que hay personas que no pueden opositar: quizá por obligaciones familiares, quizá porque necesitan trabajar para sostenerse. Así que, al margen del sacrificio que supone el encierro, tienes la fortuna de poder dedicarte a aquello que deseas para alcanzar la meta que has elegido.
7.- Disfruta de tu momento. Este consejo va dirigido especialmente a quienes llegan al examen oral. Solo los opositores sabemos la mezcla de sensaciones que recorre el cuerpo cuando toca presentarse ante el Tribunal Supremo. Ese día te lo juegas todo a una carta, y es inevitable que los nervios afloren. Sin embargo, te animo a que cambies el prisma desde el que miras ese momento. Por un lado, si eres uno de los aproximadamente 1.100 opositores que han superado el test y llegan al primer oral, recuerda que hay miles de personas que desearían estar exactamente donde estás tú. Por otro lado, piensa que todo tu esfuerzo, tus renuncias, tus horas de estudio y tus decenas de cantes tienen como finalidad ese instante, que te pertenece por derecho propio porque te lo has ganado. Ese día vas a demostrar ante el Tribunal que puedes ser juez o fiscal, que sabes Derecho, que dominas el ordenamiento jurídico y que estás preparado para asumir la responsabilidad que implica la función pública. Por eso, aunque sea imposible evitar los nervios, intenta disfrutar de ese momento, porque es tu momento, el que culmina todo el proceso que te ha traído hasta allí.
8.- No te examines constantemente. No cometas el error de examinarte a todas horas. Es muy habitual intentar recordar un artículo en mitad del día, repasar mentalmente un epígrafe mientras caminas o incluso tratar de cantarte un tema entero cuando ya estás en la cama. También es frecuente caer en la tentación —tan humana como inútil— de intentar recordar los más de 300 temas a la vez. Pero nada de eso sirve. Tu momento para recordar un tema es con el preparador, cuando te lo pregunte. Examinarte continuamente solo conduce a una cosa: autosabotaje. Te desgasta, te genera inseguridad y te hace creer que no sabes nada, cuando en realidad lo que ocurre es que tu cerebro no puede funcionar como un buscador instantáneo de información jurídica. Y recuerda algo fundamental: en el oral te van a examinar solo de cinco temas, no de ciento ochenta. Mantén la cabeza fría, confía en tu preparación y evita convertir tu día a día en un examen permanente.
9.- No tengas miedo a cambiar de preparador. Este es, quizás, el consejo que mas cuesta adoptar. Y te lo digo por experiencia, porque yo cambié de preparador cuando llevaba un año y medio de oposición. Llevaba semanas sintiendo la necesidad de ese cambio pero tenía miedo a dar ese paso. Tu preparador es la luz que te guía en el camino oscuro de la oposición. Es quien te acompaña y en quien tienes una confianza ciega. En mi caso, sentía que necesitaba un cambio. Y finalmente, di el paso. Recuerdo ese día como uno notablemente complejo, porque sentí que me estaba tirando a una piscina sin saber si tenía agua. Diez meses más tarde, aprobé. Encontré unos preparadores que se ajustaban más a mis necesidades, en el sentido de trabajar mucho más la confianza propia ante el Tribunal en los orales. Es de justicia reconocer que mi aprobado se lo debo tanto a los preparadores con los que aprobé como a mi primer preparador, de quien aprendí muchísimo. Pero honestamente, si no hubiera cambiado de preparador, hoy no podría decir que soy juez.
9bis.- Al hilo de lo anterior, debes sentir que tu preparador tiene tantas ganas de que apruebes como tu mismo.
Espero de verdad que estos consejos puedan servirte en algún momento del camino. No nacen de teoría ni de manuales, sino de mi propia experiencia, de los aciertos y de los errores que cometí mientras oposité y de todo lo que aprendí después, ya dentro de la carrera judicial. Cada oposición es distinta, pero muchas sensaciones, dudas y miedos son comunes. Si algo de lo que has leído te ayuda a llevar mejor un día difícil, a relativizar un tropiezo o a recordar por qué empezaste, entonces este hilo habrá cumplido su propósito. Opositar es duro, sí, pero también es un proceso que te transforma. Y si estás en él, créeme: puedes conseguirlo.