¿Macroconvocatoria a la vista?

Recientemente, el Ministro de Justicia, Félix Bolaños, ha anunciado una macroconvocatoria de jueces y fiscales de 700 plazas, de las cuales 575 serían para turno libre (375 de jueces y 200 de fiscales). Aquí la noticia.

La convocatoria anunciada estos días marca un antes y un después para quienes se plantean opositar a judicaturas o fiscalía. Las 575 plazas previstas para jueces y fiscales configuran una oferta absolutamente excepcional, algo que, salvo error, no se había visto nunca. No es una convocatoria más: es una oportunidad histórica, una de esas ventanas que se abren muy pocas veces y que conviene aprovechar. El propio histórico de oposiciones lo demuestra: jamás se había producido un incremento de plazas de esta magnitud en un solo ejercicio.

En oposiciones tan exigentes y selectivas, el número de plazas no es un detalle menor, sino un factor determinante. Cuando la oferta crece de manera extraordinaria, como ocurre ahora, las posibilidades reales de obtener plaza aumentan de forma directa. La competencia sigue siendo alta, por supuesto, pero el escenario es incomparablemente más favorable que en años anteriores. Es, en esencia, una cuestión numérica. Yo aprobé en una convocatoria de 50 plazas con 4.000 aspirantes; es decir, una plaza por cada 80 opositores. En una convocatoria de 575 plazas, la proporción se convierte en una plaza por cada 7 aspirantes. El contraste es tan contundente que casi no necesita explicación: las probabilidades se multiplican y quien se prepare en este contexto juega con una ventaja estadística que no se repetirá fácilmente.

Por eso, quien empiece a prepararse ahora lo hace con el viento muy de cara. Y aunque siempre he defendido que quien quiera opositar debe permitirse un verano post‑carrera en condiciones —porque se sabe cuándo se entra en esto, pero no cuándo se sale—, este año esperar a septiembre puede ser una estrategia poco ventajosa. Adelantar el inicio de la preparación permite llegar con más temas al test, con más vueltas a los orales y, sobre todo, con una ventaja real respecto a quienes comienzan más tarde. En mi caso, si no hubiera empezado el 1 de julio, no habría aprobado cuando lo hice. Fue una apuesta arriesgada, sí, pero salió bien porque me colocó en una posición adelantada cuando llegó el momento decisivo.

Este año, más que nunca, esa anticipación puede marcar la diferencia. Para quien esté dudando, para quien no sabe si dar el paso, para quien siente la vocación pero teme la exigencia, el mensaje es claro: no ha habido un momento mejor en décadas para opositar. La combinación de una oferta histórica, un contexto institucional favorable y un horizonte de renovación convierte esta convocatoria en una ocasión única para quienes quieran dar forma a su sueño de ser jueces o fiscales.

Y creo, honestamente, que si estás valorando empezar, quizá la pregunta no sea «¿puedo hacerlo?», sino «¿voy a dejar pasar una oportunidad así?»

Siguiente
Siguiente

Nueve cosas que me hubiera gustado saber cuando opositaba