El primer paso
Terminar la carrera de Derecho, para muchos, como llegar a la cima de una montaña solo para descubrir que, en realidad, era la antesala de un macizo mucho más grande. Tras años de exámenes, trabajos y noches en vela, llega el momento de decidir qué hacer «el día después». Y, entre todas las opciones, hay una que destaca por su peso, su prestigio y su vértigo: opositar para ser juez o fiscal.
La idea seduce. También asusta. Y, en mi caso, ambas sensaciones convivieron en un equilibrio inestable.